"El hombre sabio se conforma con lo que tiene hasta que inventa
algo mejor"
José Saramago
Esta será una entrada corta y
tendrá la esencia de lo que han sido las dos primeras. Partiendo de un evento
coyuntural como es la Pandemia por el COVID-19, en la que el ejercicio
reflexivo tan personal e introspectivo fue un hecho constante, mi conclusión es
que el caos como un evento, genera la acción de moverse en algún sentido. En mi
cultura santandereana los pasos hacia atrás pueden ser considerados como
retrocesos y muestras de "fracaso". Sin embargo, y considerando como
concluí en mi primera entrada, el viaje de cada uno de nosotros es tan único e
irrepetible, que somos nosotros mismo los que debemos trazar los tiempos, los
límites y toda característica relacionada con nuestra aventura llamada
vida.
Es a través de las experiencias
que nos alimentamos como seres humanos. La vida diaria supone el reto de
adaptarnos constantemente a situaciones que nos sacan de nuestra zona de
confort. Y es allí, donde el desafío por crecer en cada una de nuestras
dimensiones es más evidente. Conocernos día a día es una de las tareas más
necesarias, y a la vez más complejas que tenemos. Hacer una síntesis entre
lo que soñamos, la estructura de nuestra herencia familiar,
intereses, formación académica y cada factor influyente en nuestras
vidas es un tema dispendioso. Finalmente, no hay una ruta única, ni un tiempo
exacto ni preciso (y mucho menos lineal) para vivir.
La vida como un viaje, nos reta
constantemente a sobrepasar obstáculos. A vivir de la ilusión, de la esperanza,
de los sueños. En lo accidentado que es este proceso, debemos tener la
consiga de un aspecto fundamental con el que quiero cerrar: la gratitud.
Recuerdo aquel coaching final de mi programa de práctica laboral en la
Universidad. Concluimos con la idea que agradecer independientemente del
credo religioso es un proceso que nos vincula espiritualmente con "algo” a
lo que cada uno le de relevancia. Agradecer, es en mi opinión un ejercicio de
responsabilidad propio y con el entorno en el que nos encontramos. Estamos
siendo conscientes de nuestras capacidades limitadas y nuestra situación y
de esta forma estamos valorando lo que somos y tenemos en ese justo momento.
Estamos viviendo el "aquí y el ahora".
Es en conclusión, a través de dar
las gracias que nos llenamos de felicidad (o algunas veces tristeza), pero
siempre conectamos con la idea que el punto de partida es una situación
momentánea mejor que algo anterior. Y viene a mi mente una frase de
Nietzsche: "Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su
vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira
dentro de ti" [1]. Es importante agradecer quien somos para
trazar nuevas rutas hacia lo que queremos ser, sabiendo que cada día es una
oportunidad de reinventarse para ser una mejor versión. Agradecer es el punto
de partida.
[1] aforismo 146 de Más allá del bien y del mal de Friedrich
Nietzsche

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