Esta semana me tomó por sorpresa la admisión al programa de
doctorado en Chile. Siento una mezcla entre satisfacción y duda. Muchas veces
consideré equivocarme de pregrado al elegir una carrera con una
estructura tan técnica. Sin embargo, reconozco que la visión que tengo como
ingeniero es amplia y me ha permitido tener acercamientos a temas de mi real
interés. Pero si este no es el camino, ¿Qué sería aquello que me apasiona y
concentra mi atención?
Muchas son las respuestas a este interrogante y no podría detener la
mirada en un tema concreto. Diría que aquel Pedro de la niñez, que disfrutaba
de la naturaleza en la que estaba envuelta su casa y que amaba sus espacios de
soledad tendría un buen aporte. No crecí con falta de amigos por la ausencia de
interés, sino más bien por cuestiones de ubicación. En este sentido, este hecho
desarrolló en mí un particular gusto por los libros; no literatura, sino libros
enciclopédicos que generalmente coleccionaba mi familia del periódico
regional Vanguardia Liberal.
Mi infancia fue
tranquila pero había un tema particular que me inquietaba: el arte. Siempre
recordaba pedir el mismo kit de témperas, colores, marcadores que venía en un
gran portafolio. Creo que siempre tuve destrezas en las manualidades y en ese
sentido estético que hay tener al lograr ese tipo de proyectos. Una vez en el
colegio, aunque con instrucciones básicas y monótonas en las aulas siempre
destaqué como un estudiante creativo que pensaba fuera de las ideas
tradicionales. Incluso una gran amiga me dió el que ha sido el mejor de mis
cumplidos recibidos "Pedro, tú rompes esquemas". En ese entonces el
concepto del diseño y sus campos de acción, no eran claros para mí. De haberlo
sabido quizá otro sería mi sitio y condiciones en este instante.
A lo que voy es que siempre queda algo de nuestra infancia en nosotros. Algo intangible, algo que nos conecta con lo que fuimos. En Ho'oponopono (tradición hawaiana) el tema del niño interior [1] es una apología a una retrospectiva que nos cuestiona qué tan satisfechos estamos con lo que hemos vivido. El "artista" que fui no ha dejado de existir por un momento. Creo que cada idea académica y proyecto personal que emprendo deben tener esta visión artística que sigue tan latente.
¿Y si el artista está en mí, porque no dejarlo salir? Sería una pregunta
obvia con una respuesta casi que simple y concreta. Sin embargo, creo que soy
un hombre complejo en mi forma de pensar. Muchas veces me desgasto en
argumentos contra debates imaginarios que finalmente siempre termino descartando.
Yo soy un fiel creyente que la pandemia como evento social me hizo en potencia
una persona más tranquila, más reflexiva, pero mejor aún una persona con más
capacidad de ejecución.
Es por eso que finalmente y considerando que todos vivimos en un
mundo conectado, informado, y con las herramientas a la mano, debemos tomar
decisiones y dar primeros pasos con más seguridad. Que el objetivo sea
construir adultos (o en general cualquier etapa de la vida) con la convicción
de la felicidad como estandarte. Que si tenemos la posibilidad de entrar en un
"juego" de recuerdos, hagamos lembranza porque fuimos felices y que
nos hacía ilusión en la infancia. Es a través de lo esencial que encontramos la
plenitud en nuestras vidas. Siendo honesto entraré en meditación para
tomar la mejor decisión en mi vida. El afán nunca ha sido mi mejor aliado [...]
Pedro Hernández-Murillo
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Versión original de Dumbo (1941) |
Referencias
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