martes, 14 de enero de 2025

Una luz que enciende en la oscuridad

 "Existen dos superpotencias en el mundo; una es Estados Unidos; otra eres tú".

José Saramago

Recientemente, la emocionalidad me ha invadido. Conocer personas que de cierta forma llegan a generarte ruido y a sembrar un halo de inseguridad, me hicieron vivir una pequeña pero intensa sensación de vacío. No niego haber llorado de una forma desconsolada, pero también de llegar a encontrar en mi esa chispa para decirme cuánta necesidad hay de creer en mi mismo. 

Un nuevo año supone una oportunidad enorme para cambiar la dirección y buscar salir de las situaciones que se me han presentado. Se que buscando objetivos nuevos, debo llevar con mejor concentración en la forma alcanzarlos. Sin embargo, creo que esa sensación de inseguridad que se generó en mi, me ha puesto contra la pared y me ha hecho reflexionar sobre la forma de reinventarme.

Si buscas resultados diferentes no hagas no lo mismo, parafraseando a Einstein, se convierte en un fuerte pensamiento para ver que si vienen errores que sean nuevos y no caer en la misma dinámica. ¿ Pero qué pasa si hasta a dar un paso cuesta por temor a equivocarme?

Vivir de glorias pasadas es apelar a la nostalgia, pero quiero en mi aquella persona que fui (evidentemente mejor) que luchaba de una forma estratégica y lograba sus objetivos de manera exitosa. Ya no debo vivir enfrascado en el dolor que me invade, sino en la oportunidad de saber que tengo las capacidades para lograr mis metas.

Creer en mi mismo, no solo se volverá el reto más elemental y vital , sino la garantía de dar cada día el mayor esfuerzos por volver a ser aquella persona que inspiraba. Tal vez no con el afán egocéntrico de querer ser un referente, sino con la ilusión de que por más difícil que haya sido el camino, la recompensa pronto será un resultado inevitable. 

lunes, 27 de marzo de 2023

Retomando después de las "derrotas"...




"La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva"

 

José Saramago


Después de un mes de haber comenzado mi trabajo como voluntario en la Fundación Montechico, soy un fiel testigo que las derrotas tienen algo más que positivo, nos preparan para saborear las mieles de la felicidad, aun así, cuando no todo sea perfecto. Después de años de luchas y decepciones creo que he encontrado mi lugar en el mundo. Tan cerca y a la vez tan distante. Mi lugar favorito en el mundo, Barichara, fue el sitio para ver desde hace ya unas semanas como mis sueños vuelven a renacer. Desde las cenizas, como el fénix. Barichara es un lugar mágico y como tal la magia puede nacer en este pueblo. 

 

Estoy muy feliz, porque encontrar un ser humano de la más alta fibra humana como Ángela, me da la confianza para trabajar sin el miedo a ser censurado, a ser bloqueado, a ser señalado. Ángela es una persona increíblemente maravillosa, con un espíritu maternal que abraza y te da la sensación de protección. Estar junto a ella en Montechico y todas sus ramas me da la esperanza de construir un mundo mejor y aun mejor, hacerlo desde mi región. 

 

Soy consciente que soy una persona volátil en nivel de ideas, pero eso jamás ha implicado que sea una persona dispersa y deslocalizada en encontrar las mejores soluciones ante los problemas que se me presentan en la vida diaria a nivel personal y como profesional. En la Fundación Montechico he encontrado todo el aval, para que cada idea y pensamiento que tenga sea una realidad y se materialice. O al menos sea escuchado de la mejor forma. 

 

Tengo muchos proyectos con la Fundación Montechico y también de forma individual. Y esa, también es una felicidad. Encontrar el espacio y el tiempo para ser. El nuevo lujo del que hablamos con Ángela, un lujo no materialista, sino basado en la experiencia del buen vivir. Cada camino que no condujo a un buen término esta finalmente convergiendo en esta maravillosa sensación de satisfacción que vivo a diario. Y eso es un verdadero lujo para mí.

 

Queda la motivación de ver que cada dolor que ha pasado en la vida, no es más que una etapa de la misma. Así como el elefante hace duelos, así mismo los he hecho yo. Porque soltar, no implica que el dolor sea haya ido, sino que lo veo con otros ojos. Sentir dolor es inevitable, sufrir es opcional son las palabras que me recuerdan a Jutta Battenberg, otra maravillosa mujer en mi vida. A seguir adelante, porque el camino se abre para el viaje del elefante. 



Foto: National Geographic

jueves, 31 de diciembre de 2020

Gratitud, el principio de la evolución

"El hombre sabio se conforma con lo que tiene hasta que inventa algo mejor"

José Saramago


Esta será una entrada corta y tendrá la esencia de lo que han sido las dos primeras. Partiendo de un evento coyuntural como es la Pandemia por el COVID-19, en la que el ejercicio reflexivo tan personal e introspectivo fue un hecho constante, mi conclusión es que el caos como un evento, genera la acción de moverse en algún sentido. En mi cultura santandereana los pasos hacia atrás pueden ser considerados como retrocesos y muestras de "fracaso". Sin embargo, y considerando como concluí en mi primera entrada, el viaje de cada uno de nosotros es tan único e irrepetible, que somos nosotros mismo los que debemos trazar los tiempos, los límites y toda característica relacionada con nuestra aventura llamada vida. 

Es a través de las experiencias que nos alimentamos como seres humanos. La vida diaria supone el reto de adaptarnos constantemente a situaciones que nos sacan de nuestra zona de confort. Y es allí, donde el desafío por crecer en cada una de nuestras dimensiones es más evidente. Conocernos día a día es una de las tareas más necesarias, y a la vez más complejas que tenemos. Hacer una síntesis entre lo que soñamos, la estructura de nuestra herencia familiar,  intereses,  formación académica y cada factor influyente en nuestras vidas es un tema dispendioso. Finalmente, no hay una ruta única, ni un tiempo exacto ni preciso (y mucho menos lineal) para vivir. 

La vida como un viaje, nos reta constantemente a sobrepasar obstáculos. A vivir de la ilusión, de la esperanza, de los sueños.  En lo accidentado que es este proceso, debemos tener la consiga de un aspecto fundamental con el que quiero cerrar: la gratitud. Recuerdo aquel coaching final de mi programa de práctica laboral en la Universidad. Concluimos con la idea que agradecer independientemente del credo religioso es un proceso que nos vincula espiritualmente con "algo” a lo que cada uno le de relevancia. Agradecer, es en mi opinión un ejercicio de responsabilidad propio y con el entorno en el que nos encontramos. Estamos siendo conscientes de nuestras capacidades limitadas y nuestra situación y de esta forma estamos valorando lo que somos y tenemos en ese justo momento. Estamos viviendo el "aquí y el ahora".

Es en conclusión, a través de dar las gracias que nos llenamos de felicidad (o algunas veces tristeza), pero siempre conectamos con la idea que el punto de partida es una situación momentánea mejor que algo anterior. Y viene a mi mente una frase de Nietzsche: "Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti" [1]. Es importante agradecer quien somos para trazar nuevas rutas hacia lo que queremos ser, sabiendo que cada día es una oportunidad de reinventarse para ser una mejor versión. Agradecer es el punto de partida.

 



Ganesha es un dios del panteón hindú 


Referencias 

[1] aforismo 146 de Más allá del bien y del mal de Friedrich Nietzsche

 


viernes, 11 de diciembre de 2020

El niño: la búsqueda de lo esencial

"Déjate llevar por el niño que fuiste. Sería bueno que cuando nos hacemos adultos lleváramos de la mano al niño que fuimos y éste nos dijera, cuando fuese necesario, “no hagas esto ni aquello"" José Saramago 

Esta semana me tomó por sorpresa  la admisión al programa de doctorado en Chile. Siento una mezcla entre satisfacción y duda. Muchas veces consideré equivocarme  de pregrado al elegir una carrera con una estructura tan técnica. Sin embargo, reconozco que la visión que tengo como ingeniero es amplia y me ha permitido tener acercamientos a temas de mi real interés. Pero si este no es el camino, ¿Qué sería aquello que me apasiona y concentra mi atención?

Muchas son las respuestas a este interrogante y no podría detener la mirada en un tema concreto. Diría que aquel Pedro de la niñez, que disfrutaba de la naturaleza en la que estaba envuelta su casa y que amaba sus espacios de soledad tendría un buen aporte. No crecí con falta de amigos por la ausencia de interés, sino más bien por cuestiones de ubicación. En este sentido, este hecho desarrolló en mí un particular gusto por los libros; no literatura, sino libros enciclopédicos  que generalmente coleccionaba mi familia del periódico regional Vanguardia Liberal.

Mi infancia fue tranquila pero había un tema particular que me inquietaba: el arte. Siempre recordaba pedir el mismo kit de témperas, colores, marcadores que venía en un gran portafolio. Creo que siempre tuve destrezas en las manualidades y en ese sentido estético que hay tener al lograr ese tipo de proyectos. Una vez en el colegio, aunque con instrucciones básicas y monótonas en las aulas siempre destaqué como un estudiante creativo que pensaba fuera de las ideas tradicionales. Incluso una gran amiga me dió el que ha sido el mejor de mis cumplidos recibidos "Pedro, tú rompes esquemas". En ese entonces el concepto del diseño y sus campos de acción, no eran claros para mí. De haberlo sabido quizá otro sería mi sitio y condiciones en este instante.

 A lo que voy es que siempre queda algo de nuestra infancia en nosotros. Algo intangible, algo que nos conecta con lo que fuimos. En Ho'oponopono (tradición hawaiana) el tema del niño interior [1] es una apología a una retrospectiva que nos cuestiona qué tan satisfechos estamos con lo que hemos vivido. El "artista" que fui no ha dejado de existir por un momento. Creo que cada idea académica y proyecto personal que emprendo deben tener esta visión artística que sigue tan latente.

¿Y si el artista está en mí, porque no dejarlo salir? Sería una pregunta obvia con una respuesta casi que simple y concreta. Sin embargo, creo que soy un hombre complejo en mi forma de pensar. Muchas veces me desgasto en argumentos contra debates imaginarios que finalmente siempre termino descartando. Yo soy un fiel creyente que la pandemia como evento social me hizo en potencia una persona más tranquila, más reflexiva, pero mejor aún una persona con más capacidad de ejecución. 

Es por eso que finalmente y  considerando que todos vivimos en un mundo conectado, informado, y con las herramientas a la mano, debemos tomar decisiones y dar primeros pasos con más seguridad. Que el objetivo sea construir adultos (o en general cualquier etapa de la vida) con la convicción de la felicidad como estandarte. Que si tenemos la posibilidad de entrar en un "juego" de recuerdos, hagamos lembranza porque fuimos felices y que nos hacía ilusión en la infancia. Es a través de lo esencial que encontramos la plenitud en nuestras vidas. Siendo honesto entraré en meditación para tomar la mejor decisión en mi vida. El afán nunca ha sido mi mejor aliado [...]

Pedro Hernández-Murillo

Versión original de Dumbo (1941)


Referencias

[1] Concepto  sobre nuestro subconsciente, aquella parte donde quedaron registradas todas las situaciones de dolor, traumas, creencias y emociones como también las experiencias agradables.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Pandemia: una oportunidad en medio del caos

“(...) porque la vida se ríe de las previsiones y pone palabras donde imaginábamos silencios y súbitos regresos cuando pensábamos que no volveríamos a encontrarnos.” José Saramago

Escribir para mí siempre ha sido un ejercicio complejo. Condensar el mar de ideas de mi mente en un texto se me hace un esfuerzo enorme. El viaje del Elefante [1] es la idea de varios años que me hacía eco y no lograba materializar. Siempre me he considerado un tipo con gran iniciativa; pero de "acabativa" [2] y paciencia, el universo me ha dado poco. Ante un evento coyuntural como el que vivimos en 2020, las emociones en todos se hicieron más latentes. Los estándares, los patrones, el ritmo parejo, lo preciso y lo definido, pasó a ser un mundo lleno de incertidumbre y caos.  

Si algo tengo claro de mi profesión es que los procesos químicos y en general cualquier aspecto de la vida no es un modelo lineal. Incluso el tiempo, aquella variable tan relevante en el diario vivir no es lineal. Habrá momentos de la vida en los que la productividad y los resultados nos abracen. Otros momentos en que sentiremos que la vida se nos pasa entre el ocio y la duda. Y es que sin lugar a dudas: Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. [3]

Aquellos que como yo hemos vivido luchando una batalla diaria contra el tiempo y las expectativas, la vida nos ha dado una enorme lección. El mundo paró y este impensado hecho ha sido el detonante de muchas acciones en mí. Entendí finalmente que muchas cosas no dependen de mí. Que el mundo ideal en mi cabeza es un imaginario y la realidad es un montón de factores entrelazados que no puedo controlar. En mi situación, siento que soy una persona afortunada al tener lo necesario para vivir en medio de la dificultad. Y es en este momento que asumí la decisión de tener una actitud más autocompasiva. 

Acepté que las malas decisiones, resultados y fracasos, aunque no son un producto entero del azar, son eventos  incontrolables para nuestra limitada capacidad personal. El Universo, y es una palabra que menciono a diario, conspira a favor y en contra en la vida diaria. Es ahí donde veo en la pandemia, la oportunidad de reinventarme como ser humano. No con la visión simplista que seré "mejor persona", por responder de forma básica a la pregunta de cómo me veo en el futuro. Mi meta será la de ser una persona más coherente y auténtica. Aquello que he soñado toda mi vida, aunque intangible en este momento, es y será el motor de seguir adelante. 

La pandemia supuso un reto para mí: el del borrón y cuenta nueva; el de pasar la página. El de emprender un nuevo viaje: El viaje del Elefante. Durante años me desgasté pensando un título lo suficientemente poderoso y llamativo para nombrar este diario abierto. Finalmente, encontré en mi autor favorito el ideal. Podría hacer todo un ensayo de porque tanto simbolismo en una expresión tan corta. Sin embargo, creo que aprovecharé otro espacio audiovisual para responder a esta cuestión. Lo importante es que después de muchos años tomé el impulso de concretar este proyecto. Este viaje tan personal, tan físico y espiritual,  no será más que la búsqueda de los sentidos como fuente del recuerdo. La memoria será un baúl de sensaciones que me permitan conectarme con el momento presente: el aquí y el ahora. 

El placer de vivir será una búsqueda diaria y sencilla, porque finalmente no hay mejor  momento que el que estamos viviendo justo en este instante. Porque así como el elefante, con su amplia memoria y su inteligencia es capaz de desarrollar un sentido de compasión por el otro miembro de su manada. Así, seré capaz de reconocer lo humano y limitado que soy, sin ser excesivo en juzgarme. El duelo (tan propio de los elefantes) será una etapa corta y necesaria de cada situación difícil, porque sentir dolor es inevitable pero sufrir es opcional [4]. 

Finalmente, termino este primer texto reconociendo que el comienzo de esta aventura, será una oportunidad para ser testigo que nunca dejamos de viajar. Podremos ser limitados como seremos humanos. Sin embargo, es a través de memorias, recuerdos, y relatos, que como viajeros viviremos eternamente. Y parafraseando a Saramago, el objetivo de este, El viaje del Elefante, será el comienzo de muchos otros más. 

                                                                                              Pedro Hernández-Murillo       


'New African Mask' by Vladimir Kush


Referencias

[1] El viaje del elefante es una novela histórica del escritor portugués José Saramago

[2] La “acabativa”: capacidad indispensable para la innovación

https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4382217

[3] Eclesiastés 3:1

[4] "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami


Una luz que enciende en la oscuridad

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